viernes, agosto 08, 2008

El compromiso

Para sobrevolar los límites de la subjetividad y la monótona vida de este blog, tal vez el ofrecimiento de algo – llámese interés, curiosidad o cultura – sea el abrigo que nos proteja contra la estupidez extrema. Curiosidad mía que pretendo atomizar y diseminar por las fronteras humanas – siendo el arte lo estrictamente humano –, aunque tenga la certeza de una deshumanización latente que roza los limites de la estulticia.
Es así que procuraré, con el perdón de una ignorancia planetaria, garabatear percepciones sobre el interés personal.
Si asumimos el compromiso consistente de proporcionar algo sin desmayar en el intento, quizá algo irá creándose en nosotros. El mío es un compromiso tenue, pero, a pesar de todo, lo es.
Pero el que se asume como una forma de deposición íntima, de ceguera de éxitos personales, de caravana de hombres felices como fin supremo, de, en suma, la utópica equidad en nuestra condición efímera y humana, sea en realidad el compromiso que pocos, con el trotar de los siglos, han querido dejar; o como bien lo dijo Emmanuel Lévinas “lo humano del hombre es desvivirse por el otro hombre”.

miércoles, julio 02, 2008

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Hay silencios decidores, silencios que albergan una catacumba de lamentos, otros, por el contrario, dicen del regocijo interior cuando el alma levita.
Pero está aquel que se posa en nosotros sin que lo llamemos y nos cobija sin pensar que nuestro interlocutor está presente esperando un "que tal" "como estás".
Con esto me pregunto si nuestro pensamiento debe estar en función de quienes están con nosotros cuando queramos callar o, simplemente, desinteresarse de aquel para gritar el silencio.

viernes, junio 27, 2008

...

Se sale muchas veces a buscar certezas.
En el camino, éstas se convierten en signo visible de las dudas cargadas de ansiedades. Y la ansiedad presupone una paranoia letal.
Llegando a este estado se encuentra uno con la confabulación tácita del susurro, el discreto murmullo de lo que se dice, los ojos intermitentes que nunca sostienen otra mirada.
Se termina entonces un ciclo de la vida con más dudas que certezas.
Como un animal levitando que no sabe su destino providencialístico, como aquel que nunca se encontró y como aquellos que murieron tratando de buscar respuestas a sus vidas.
Pero cuando algo finaliza se percibe el nacimiento abortivo de ideas incensatas. Y es cuando, al fin y al cabo, siempre se quiere estar al final: muerto.

martes, mayo 27, 2008

La máquina

Recibes un sueldo aceptable, te congratulan por tu pertinente ascenso en la empresa; cada mañana, te bañas y te perfumas con la intención de no contrariar al olor agradable de la empresa donde trabajas.
Se trabaja.
Piensas ahora que los escalones procuran un éxito indescriptible en las organizaciones que te albergan y que te libran de males económicos, criticas a quienes, con su pereza, no logran solventar su rendimiento empresarial ni con las expectativas de la organización.
Te leíste todo los libros de marketeras marcas indelebles, devoraste las interminables hojas de libros de superación personal y te sentiste profundamente realizado de todo obstáculo que deparan los caminos.
Te sumergiste en la atrapadora confabulación de los eternos compromisos enternados y quisiste que todo sea pulcro, diáfano, celestial.
Y yo, con una reminiscencia que trato de llevarlo al recuerdo digo como un poema de Watanabe: el caracol que nos anunció el mar que desconocíamos se ha convertido en cornucopia.

jueves, mayo 22, 2008

Lo que fue.

Tal vez nuestro futuro no es más que un pasado retórico, ya recorrido, que, al volver la vista atrás, contemplamos la estela espumosa de lo que fuimos y lo que nunca más seremos, de nuestra muerte en vida y nuestro destino incierto.
Si con toda la gama de experiencias inmemoriales nos quedamos atenuados por el rasguño de la moral, es cuando se muere para siempre, cuando se come como todos lo días, pero muerto, cuando defecas, pero sin alma, cuando avisoras el mar y ves tinieblas cataratescas de tus ojos desvaídos.
Pero si, a pesar de todo, tratamos de darle un respiro a nuestra insulsa existencia y nos encontramos con todo lo vivido cara a cara, será ahí cuando el dios de las desdichas bendecirá tu puerta cagada de inmoralidades y bañada en oro de la desgracia.
Hay, en todos, un dolor vallejiano que nadie a de palpar. Pero si la estructura de nuestras ánimas se desvincula de la esencia, una vez más, diremos, como un Watanabe aún vivo: a este cadáver le falta alegría.
Y así, el viento es un caballo, míralo como corre por el mar, por el cielo. Neruda.
El caballo galopa contra el viento: el resumen de la vida.
Por lo pronto quiero jugar.
No quiero, eso sí, decir al final de este viaje, como un dolor borgeano, que "mis padres me engendraron para el juego arriesgado y hermoso de la vida. Cumplida no fue su joven voluntad. No fui feliz".

lunes, mayo 19, 2008

Reminiscencias

Sí, ya me lo habías dicho. Hablando de Borges, dijiste que nunca había pensado en ti.
Me increpaste diciendo cómo puede ser que sea más admirador de él que de Cortazar.
En tu mundo genuino y encerrada en una burbuja, te pregunté porqué pensabas así de Borges. “No me preguntes eso” También quise saber sobre las contrariedades con que dices algunas cosas. “En un anfiteatro comenzamos a recitar poesía” ¿Te acuerdas cuando me dijiste eso? ¿Recuerdas aquellos empujones chispeantes de locura con la que algunas veces me contabas de tu desrutinada vida? Claro, ahora te metiste a otra facultad. “Pero literatura ha sido siempre lo tuyo” te dije. “No me preguntes porqué lo hice” tan cortante como navaja criminal fue lo único que escuché.
Cierto día viniste alegre habiendo devorado Residencia en la Tierra. Te comenté sobre lo poco que había leído a Neruda. Pero tu avidez fue la lanza que necesité para encontrarme con algunos poemas.
Recuerdo con un entusiasmo latente lo mucho que me había gustado Cartas a Mamá, pero llegaste siempre tú para contrariarme y decirme que te sedujo mucho El Perseguidor.
También te acuerdas cuando me dijiste con un desprendimiento caribe que a falta de abrazos nunca dados, decidiste abrazar a un árbol y sentirte eternamente querida. Y yo te quise mucho, cómo negarlo, y yo ahora te recuerdo mucho.

miércoles, mayo 14, 2008

El hijonuestro

“Yo quiero rezar a fondo un hijonuestro”
Si con el trotar de los años hemos sostenido el rezar inapelable hacia un dios – llámese Alá, Jesús, Buda, etc – por qué, ahora, la humanidad no puede verter el agua de la fe hacia, no un omnipotente, sino su propio ser: el hombre del hombre.
Por qué no le rezamos a las generaciones que nos precederán, pues, una vez más, ésta se irá dentro de unas décadas dejando el mar quieto y navegador antes que la estela espumosa de dudas y reclamos contra los que dirigen el mundo, la economía, el eclipse ambiental sin remedio para la sobrevivencia, la educación ilusoria que nunca tuvimos, el criterio y la confrontación siempre como abstracciones, nuestra sempiterna desidia como bandera peruana.
La frase con la que empieza este comentario no es mía, sino de Silvio Rodríguez.
Sí, es la abdicación al dios eterno que todo lo puede para confabular entre todos los hombres un porvenir más grato sino a los hijos, a los hijos de nuestros hijos.
Veo, en caso nuestras descendencias mantengan ese espíritu saqueador de la Tierra, que la sepultura se hace más profunda con la lampa dorada que pondrá fin a nuestra existencia.