sábado, diciembre 05, 2009

Una torre se derrumba

Tenemos esquemas de personajes que acaso tratamos de imitar como una forma de acercarnos a un fin. Es un paradigma. Admiramos a aquellos que alcanzaron lo que tal vez pretendemos lograr y que, sin embargo, el azar juega el partido definitivo para nuestros logros postergados. Admiré por mucho tiempo la valentía de aquella mujer que durante años no hizo otra cosa que enfrentarse a todos y siempre mandando a la mierda a los susurros que confabulaban para traerla abajo. Pero, ¿qué pasó para que el aura de endiosarte pasara a algo tan banal como la indiferencia? ¿qué hiciste para que el miedo te paralizara de esa forma tronadora? Una personalidad que se va achicando como los viejos encorbados. Una orfandad de nortes que tendré que buscar en la imaginación donde nadie es dios y donde Dios es una nadería más.

domingo, noviembre 22, 2009

Y de pronto...

Consigo un trabajo. Termino dentro de poco la universidad, los proyectos se enredan como queriendo brotar, me nombran coordinador. Ocupo mi tiempo en intereses sembrados. La curiosidad ha vuelto a elevarse. Dentro de cinco días (malditos finales) leeré los libros que me plazcan y las películas que quedaron postergadas. Asoma la sospecha de saber que estoy en buen camino, las cosas me sonríen, los días ya no son tan inútiles. Ganas de seguir, de devolver la confianza prestada, de jugar, querer, amar, vivir… y de pronto recibo noticias de ella.

domingo, noviembre 08, 2009

Mis clases...

Las politonales jarinas taladran las patitas de la araña cerebral. Inmiscuidizas, tratan de elevar, hasta levitar, las incipientes transiciones por donde se canaliza una frontera invariable del arte. Es así que -vence otra vez, a veces es galopable; otras, esquiva de las manos: la palabra- la genialidad duerme con la primariosa y venerable locura que se agazapa bajo el manto de una normalidad. Manos vacías, Adán. Desayunados. Las tácticas no me funcionan, Mario. Perdón por salvarme, otra vez Mario. Personificación ingrata de algo detestable. Bruja castradora de la desobediencia.

viernes, octubre 23, 2009

Resumiendo...

Intermitencias de un proyecto. Alternancias entre seguir en la brega y la desidia de saber que no hay un rumbo. Ideas que se gestaron y se murieron abstractos y abortivos. Planes que sucumbieron ante la amenaza de una piedra. Piedra que nunca se atravesó porque la creyeron roca cuando en realidad era papel arrugado. Visión miope de las cosas. Motivos paridos de alegrías efímeras que desembocaron y se ahogaron. Muerte causada sin haber partido. Infinitos desvaríos. Mundo que no nos necesita. Necesidad de crear uno paralelo. Hijos del flagelo. Hijos de Freud, del moquillo, de la gota. Vida subastada a la ridiculez. Marioneta que ya no puede ser el proyecto. Suicidio. Decisión que lidera al trampolín de fantasías, que la sobrepasa, que la quiere y la respeta y la abraza y la sigue. Siempre alternando con ella, haciéndola amiga, camarada, madre...

domingo, octubre 18, 2009

Recordándote un poco

Hoy al regresar del Centro Cultural de España, solo había un asiento en el bus, aquel que está de espaldas hacia el paisaje.
Bastó descubrir que era el único en todo el carro para que me acordara de Ribeyro. Era aquel que contradice a todos y la mirada por la ventana consiste en un alejamiento de algo, no en una forma de acercarse a algo, como los demás asientos. Me senté y me acordé del gran cuentista. Alguna vez Julio Ramón había dicho que este tipo de asiento consiste en una huida. Mientras alguien se sienta con la mirada hacia el paisaje que viene sabe que se acerca a algo, que está próximo a un encuentro, a un objetivo, la llegada al destino. Pero aquel que se sienta con la vista del paisaje que se aleja siente que todo le pasa, que deja lugares y que no visiona lo que viene, que la proximidad es un incierto. Todo se aleja, todo le huye, todos le huyen. No puede observar aquello a lo que fue a buscar.

Pero, para tratar de despertarlos del tedio, escuchemos mejor a las palabras de Ribeyro que en seguida abro mi libro Prosas apátridas donde él nos manifiesta las ideas mal expuestas en el párrafo anterior:

"Viajar en un tren en el sentido de la marcha o de espaldas a ella: la cantidad física de paisaje que se ve es la misma, pero la impresión que se tiene de él es tan distinta. Quien viaja en el buen sentido siente que el paisaje se proyecta hacia él o más bien se siente proyectado hacia el paisaje; quien viaja de espaldas siente que el paisaje le huye, se le escapa de los ojos. En el primer caso, el viajero sabe que se está acercando a un sitio, cuya proximidad presiente por cada nueva fracción de espacio que se le presenta; en el segundo, solo se aleja de algo. Así, en la vida, algunas personas parecen viajar de espaldas: no saben a dónde van, ignoran lo que las aguarda, todo los esquiva, el mundo que los demás asimilan por un acto frontal de percepción es para ellos sólo fuga, residuo, pérdida, defecación".

jueves, octubre 01, 2009

Algo tarde...

Y seguía con los tormentos desde su nacimiento abortivo. Desde los pasajes inesperados cuando alguien le abrigó para reemplazar la guarida calurosa de un vientre. Tenia que salir, tenía que contemplar los instantes precisos que su cabeza asomaba a un mundo distinto, dichoso, alegre… detestable. Pero seguía ahí, lo observaba todo y se preguntó si no se había equivocado de tiempo, de espacio o acaso de circunstancia. Pero tuvo que aceptarlo, correr el riesgo de entregarlo todo, el riesgo del nunca dado, nunca recompensado, jamás felicitado. Y de pronto alguien aparece y se lleva nuestras vidas. Y sigue esa forma del desvivirse por el otro, tanto que a veces alguien grita para que la vida nos sea devuelta, pero es tarde. Como tarde también el regreso al vientre de fogata de donde tal vez nunca debimos salir, como tarde nuestras muertes postergadas.

miércoles, septiembre 02, 2009

Como una costumbre

Como diría Mafaldita, somos tus hijitos de indias. Nadie te enseñó a ser lo que acaso nunca quisiste. Pero era como una costumbre, una cuestión de seguir dejando el apellido vivo y para que la genealogía no se acabara en ti. Lo peor de todo es que nos quedamos sin abrigos que nos protegieran al final del viaje de la niñez y ahora nos pesa una frazada que ya no puede reemplazar aquella oquedad.

Acaso por eso se voy creando una idea que pongo el punto final. Que termine en mí lo que pensaron era una aventura que desbordaba chispas, que no se repita lo que, desde los instantes enraizados, se gestó como la mejor especie. !Qué confundidos estabamos! Pero tal vez ya no contribuya a lo que incesantemente y sin pensar dejaron como una estela desvariada.


Pero no te reprocho, nadie te enseñó a serlo, tal vez diste lo mejor de ti y que resultó una miscelánea de aciertos y desvaríos. Sigues en busca de porvenires alucinados solo por tu cabeza y que, viéndolo ahora desde unos ojos que han madurado al tiempo, puedo decir que te envidio por la resuelta peregrinación que te lleva a todos lados mientras que yo sigo hermetizado por lo que tu convertiste en una rayuela, en un juego de niños, sigo perteneciendo al mundo de los soñadores que viajan con la imaginación y que tú lo hiciste rutinario.

Te preguntaron quién había sacado tu carácter, me apuntaste. Al parecer fue un error más pues si así fuera toda mis sueños imaginables hubieran aterrizado, como los tuyos. El reflejo de tu constancia no ha tenido el eco que muchos esperaban con platillos y orquesta, pero quizá la desidia, esa que nunca te acompañó, se duerma en mis párpados y crezca la sospecha se saber que la costumbre que siempre les acompañó se termine en mí.